- A veces parece que hace falta estar muerto para llamar la atención.
- ¿Como el Rey del Pop?
- No exactamente, fíjate en Tommy el motero, todos en el barrio lo conocían de vista, pero ¿cuántos se pararon a hablar con él? resulta que mi vecina está rebosando de pena porque eran amantes, planeaban una escapa hasta el fin del mundo o algo por el estilo pero ella nunca se atrevió a confesar que le quería. ¿No te da rabia? A mí si, muchísima, parece que sólo cuando ya se han ido valoramos que esas personas ya no están a nuestro lado, y ahora se le derraman los ojos de lágrimas porque dice que nunca se atrevió a decírselo, porque fue una cobarde… Para más inri, Mariquilla la de la frutería va diciendo por ahí que era un buen hombre, con un corazón que no le cabía en el pecho. ¿Pero cómo se puede ser tan falsa? era la primera que lo criticaba por ser un greñas. Como mucho intercambiaron dos palabras…
- ¿Crees que seguirá siendo siempre así, Germán?
- No lo sé Julián, pero yo no puedo callarme. Antes se merecía mis palabras, y ahora… también. Escribiré para él… allá donde este.

El verano se adelantó en Luzy, y en el quince de mayo rozaban los treinta grados a la sombra. Eran las ocho de la tarde cuando, entre una cerveza águila y el último capítulo de la tercera temporada de Perdidos decidió acostarse pronto.
<< Hay que ponerse las pilas, mañana tengo una entrevista de trabajo. >>
Para su sorpresa, el tiempo se le volvió a escapar entre los dedos junto con la responsabilidad, y al comprobar que ya era la una de la madrugada cayó en la cuenta de que llevaba demasiado sin noticias de ella. Al instante rectificó su pensamiento.

<< Un hombre cualquiera ya habría perdido la paciencia, pero yo sigo aquí, estrellándome contra el faro y esperando. No es demasiado, es lo de siempre, la misma historia de nunca acabar. Hoy estoy algo más solo, y también soy algo más viejo.  >> se rió de las imágenes que sacudieron su cabeza pues se imaginó de ermitaño, con una barba blanca de un palmo, mascando un puro, boina incluida, y mientras seguía escribiendo poesía para descargar todo aquello que necesitaba expresar, renegaba de todos cuantos se negaban al amor.

<< Si aceptáramos el miedo, todo sería más sencillo. >> había pensado tantas veces en ello que él mismo se invitó a dejar de torturarse << cuando el miedo está por todas partes, y rodea a la persona a la que más quieres, sólo puedes aceptarlo, ser constante. >> pero no lo consiguió a la primera, pues un día más se preguntó << ¿y en estos tiempos, quién valora esa constancia?¿quién me dice a mí que volverá? Siempre he tenido fe, pero ahora se me hace tan difícil… >> en otro momento la rabia le habría inundado el pecho en su guerra diaria por seguir odiándose a sí mismo, pero estaba tan agotado que se concedió una tregua.

Bebió un  trago largo de la botella de litro hasta matarla, y mientras zapeaba sin prestar atención a la pantalla, se imaginó que era un animal y corría entre bosques frondosos, lleno de hambre, con una felicidad salvaje, instintiva, olisqueando el rastro de un cervatillo joven apunto de caer, acechando a cuatro patas, con el viento contra su pelaje blanco y el aroma de la tierra mojada a su alrededor, con los colmillos tan afilados que podrían desgarrar a un humano de un bocado. Siempre le calmaba imaginar que en su mente era tan fiero como un lobo del invierno, cerró los ojos y ya casi podía sentir el bocado caliente y sabroso de su nueva presa cuando el bullicio provocado por una canasta de Kobe Bryant de los Ángeles Lakers lo sacó de su ensueño.

Adoraba el basquet y también la cerveza, pero después de tres litros no le quedaba ni una gota a su alcance. Al levantarse, sintió que le fallaban las rodillas. << Si el cuerpo y el alma están unidos, y la mía está llena de heridas que no volverán a curar ¿estaré llegando a mi último momento? >> pero consiguió ponerse en pie con equilibrio reencontrado. La sala de estar era la habitación más amplia de la casa, tenía una mesita pequeña de madera en el centro donde había ido acumulando las botellas vacías y algunos aperitivos que variaban entre los pistachos y las patatas fritas, un sillón de cuatro plazas moderno se pegaba en la pared sur, haciendo esquina con un balcón en la pared oeste al que se entraba a través de una corredera de cristal. En el lado norte, una estantería de imitación a madera sostenía una televisión panorámica de veinticuatro pulgadas, justo enfrente del sillón, junto con algunos libros o consolas cuyas formas se intuían dentro de sus vidrieras de plástico blanco semiopaco.

La pared sur también contaba con tres puertas desde las que se podía acceder a los dormitorios, el primero, el más pegado a la pared oeste y también el más pequeño era el suyo, el siguiente para su compañera Patricia y el último, rozando la cocina que hacía esquina con la pared este, para su compañero Armando. En la esquina noroeste había un cuarto de baño y al lado de éste, se encontraba la salida de la casa. Un apartamento de unos ochenta y tantos metros cuadrados de forma rectangular, con un balcón de unos nueve de vistas preciosas al mar. Miró a través de la ventana, pues desde que vivía en primera linea de playa le tranquilizaba buscar el horizonte y por un segundo sintió que el vidrio temblaba, el mismo instante en el que se perdió la voz de Andrés Montes, su comentarista por excelencia, al apagarse la tele.

<< Aquí viene otra oleada de frío. >>
Adoraba su ciudad, pero desde que las obras para reparar el metro habían empezado cerca de su nuevo piso de alquiler, tenían problemas de luz y agua continuamente. La historia de aquella crisis había empezado el lunes, pero no fue hasta el martes cuando el presidente de la comunidad les informó de la grave noticia.
- Ya que todos los males del mundo fueran esto. – dijo entonces con tono tranquilizador, pero cegados por la impotencia, intentaron echársele encima.
- Muy filosófico está el nuevo, a ver si su filosofía también nos trae de vuelta el ascensor.  – A lo que contestó con una mirada asesina, frunciendo el ceño con todo el odio que pudo acumular y atravesando el alma de quien se atrevió a responderle de malas formas. No tenía el horno para bollos y desde luego, acabaron comprendiendo que quejarse valía más bien de poco e hicieron por llamar a técnicos y fontaneros. Ahora estaban a viernes, pero todo apuntaba a que la luz seguiría inestable por una temporada.

<< Como mi economía… o mejor sería decir inexistente. >> se estaba acercando a la ruina, y los dolores de cabeza volvían a tener ganas de fiesta en su azotea, montando conciertos de migrañas día y noche que no conseguía calmar con pastillas.
Tanteando llegó hasta la nevera, pero para su mala racha no quedaban cervezas y entonces volvió a ser consciente de que tampoco quedaban compañeros de piso con los que compartir sus momentos.

<< Ellos también se han marchado. Buscaron una oportunidad… la ciudad de la luz y los intentos les resultó insuficiente ¿Será suficiente para mí? >> se sintió abrazado por un ataque de nostalgia, pero no bajó la guardia, siguió tanteando hasta su cuarto y antes de tocar la almohada mullida tuvo la sensación de que alguien muy grande llamaba a su puerta con una embestida.

Al darse prisa por saber de qué se trataba tropezó con la mesita del centro de la sala de estar, sintió cómo su dedo gordo del pie izquierdo se lamentaba y tintineaban los cristales de las botellas amenazando con suicidarse contra el suelo, maldijo su torpeza, cojeó hasta la salida esquivando por instinto los muebles como si aún tuviera luz y cuando se asomó por la mirilla no cabía dentro de su asombro

El piso del vecino de enfrente ya no tenía puerta pues sólo quedaban algunas astillas diminutas esturreadas en masa por el suelo, supuso que había estallado por la cocina, pues en lugar de un muro sólo quedaban algunas piedras pequeñas enterradas en gravilla y la noche se abría paso uniforme y tranquila, como un caminante que paseara por la oleada de polvo que escapaba hacia el horizonte infinito. Nada de fuego en el interior. Observando pareció descubrir algo fascinante y pequeño en movimiento.

<< ¿Quién ese ese chico? >> Abrió la puerta con frenesí, motivado por una curiosidad arrolladora que sobrecargó su vitalidad desaparecida, y se encontró la manivela del vecino incrustada hasta el fondo de la madera de nogal, supuso que eso había llamado su atención cuando estaba dentro pero no tenía tiempo o aquello, fuera lo que fuese, podría escapársele, ya le prestaría atención a los detalles de la destrucción más adelante. Tal cual estaba, con sus chanclas, su pantalón pirata vaquero y sin camiseta, salió corriendo hasta el fondo de la vivienda agena, sorteando muebles rotos mientras tuvo la vaga intuición de que al mirar a la calle, todos los edificios circundantes habrían desaparecido. Cuando llegó hasta el filo del local comprobó que no había sido así, tanto las luces de las farolas como las de sus vecinos estaban apagadas, pero los edificios seguían allí, intactos. Cinco pisos más abajo una figura extraña de la altura de un niño, desnuda y multicolor, terminaba de planear y aterrizaba desde el aire con elegancia en mitad de la Avenida de las Estaciones, sin un coche que atentase contra su integridad. La tranquilidad era sobrecogedora, la ciudad dormía demasiado para un sábado de madrugada. Ni un alma se asomaba a la calle, sólo él se había dado cuenta.

<< Era eso lo que vi, pero ¿cómo es posible que sobreviviera a una caída desde esta altura…?  >> No le dio tiempo a contar cuántos colores diferentes tenía por el cuerpo cuando la mirada de la criatura se encontró con la suya y antes de que pudiera decirle “Bienvenido” se evaporó, dejando tras de sí un humo de cinco colores.El viento le hizo sentir frío al acariciar la mata de pelo descubierta que le cubría tanto el pecho como su pequeña barriga cervecera. Al principio no cabía dentro de su asombro, pero su asociación de ideas le produjo al instante un escalofrío tan grande desde la planta de los pies hasta la columna que se le llenaron los ojos de lágrimas, se le pusieron todos los pelos de punta y se le amplió la sonrisa hasta las orejas. Lo había vivido. Era real.

<< Están aquí, entre nosotros. Siempre lo he sabido. >>
Lo había estado esperando durante años. Con el sabor de sus lágrimas saladas y riendo como loco, miró al cielo sin luna y descubrió una forma de luces, con un brillo cegador en contraste contra la oscuridad de la noche.

Era una serpiente que se mordía la cola y duró sólo un segundo.

Los Landon nos curamos a toda pastilla. Nunca nos ha quedado otro remedio.  - Scott Landon. La Historia de Lisey.

Los Landon nos curamos a toda pastilla. Nunca nos ha quedado otro remedio. - Scott Landon. La Historia de Lisey.

Cartel.

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